Adolescencia, Freud, Lacan…..y más allá

Actualizado 31 julio, 2023 Por Fundación Proyecto Asistir

Adolescencia, Freud, Lacan y más allá….

 

 

Con Freud

En  relación a la noción de pubertad en la obra de Freud, vamos  a  puntuar algunas  cuestiones centrales en su conceptualización  y  algunos problemas.

Un   articulador  para  pensar   la   elaboración freudiana  de la pubertad es el concepto de «nachtraglich», de elaboración  retroactiva. El valor del concepto de “nachtraglich», “aprés –coup” en  la obra de Freud es sumamente importante, forma parte  de  su aparato conceptual, aun cuando no la definiera, ni diera de ella una teoría global. Este concepto puede ser articulado a  aquello que ya había  sido planteado  por Freud en la carta 52 con relación a  que  los materiales  existentes en forma de huellas mnémicas  experimentan  en  función de nuevas condiciones, una  reorganización,  una transcripción.

En mi experiencia, el momento de la  pubertad es una de esas nuevas condiciones. Lo intentaré demostrar a continuación, dividiendo  la cuestión  en cinco puntos:

  • La pubertad y los dos tiempos de la neurosis

Debemos recordar que ya desde Estudios sobre la Histeria (1895) Freud  planteaba,  en  relación  a la estructura  de  la  neurosis,  dos tiempos:  el  trauma  sobrevenido en la  primera  infancia  y  el segundo que tendría lugar en el momento de «maduración sexual».   Es  a  este  último  al  que  Freud   llamará  posteriormente pubertad. Y  es  recién una vez atravesado el segundo momento que  Freud  nos dirá  en el tercer ensayo de «Tres ensayos para una teoría sexual» (Freud, 1905) que  el  sujeto llega a «su definitiva constitución sexual normal».

  • Objeto de amor y objeto de la pulsión

Freud nos dice en el ensayo antes citado: » La trieb sexual, hasta  ese momento, predominantemente auto erótica encontrará por fin el objeto sexual. Qué objeto, nos dice Freud, puede ser encontrado?  Parecería que  no  nos  habla del objeto de la pulsión  (cuyo  estatuto  ha desarrollado admirablemente en los primeros dos ensayos), sino del objeto del amor, en su registro imaginario. Más,  de  alguna manera, el registro del objeto en  tanto  que  parcial,  está planteado  también en Freud con  relación  a  esta cuestión,  cuando nos dice en el segundo ensayo de esta obra: «De   estas  primeras  y  más  importantes  relaciones  sexuales  (está hablando  del ser amamantado por la madre) queda gran parte  como resto,   después   de  separada  la  actividad   sexual   de   la alimentación.  Ese resto prepara la elección de objeto,  ayuda  a volver  a constituir la felicidad perdida» Es en esta línea es que puede  entenderse la frase de Freud: «El hallazgo de objeto  no es más que un retorno al pasado». La conmoción frente al objeto de  amor  no  es tal, sino porque remite al  primitivo  y  mítico momento de satisfacción pulsional.  Satisfacción que desde J.Lacan podemos pensar que está enmarcada por el fantasma.

La no diferenciación clara del objeto, en tanto objeto parcial de la pulsión y su registro imaginario y unificante en el amor, lleva muchas veces a confusiones en cuanto a la problemática de la pubertad.

Hay que esperar a su reformulación de las teoría de las pulsiones a partir de la dualidad ´pulsional “pulsiones del yo, pulsiones de objeto” para poder ubicar en su enseñanza la diferenciación entre objeto de la pulsión y el objeto de amor. Así en  “Pulsiones y sus destinos” (Freud 1915) diferencia la cuestión del objeto de amor del objeto de la pulsión, justamente a propósito de la pubertad. En este texto nos dice: “Si no solemos decir que la pulsión sexual singular ama a su objeto, y en cambio hallamos que el uso más adecuado de la palabra «amar» se aplica al vínculo del yo con su objeto sexual, esta observación nos enseña que su aplicabilidad a tal relación sólo empieza con la síntesis de todas las pulsiones parciales  bajo el primado de los genitales y al servicio de la función de la reproducción”. Esto para Freud comienza en la pubertad.

Es un problema en Freud,  la  cuestión del abandono de los objetos eróticos  de  la infancia  y su reemplazo por objetos eróticos no incestuosos.  Así, desde nuestra experiencia clínica, podemos pensar que para un sujeto lo importante  no es  sólo perder a la madre, sino  la satisfacción  pulsional que lo fija a ese Otro primordial que  la madre  encarna. Satisfacción que no puede ser pensada  en  Freud,  sino como ligada al objeto en tanto que objeto parcial.

 

3) Acerca de la prohibición del incesto.

Articulando  la Ley de la prohibición del incesto a la cuestión  de la pubertad,  Freud  nos dice:   »  …Mas por la avanzada época en que tiene lugar la  pubertad  se ha llegado al momento en que es necesario alzar,  al lado  de  otros  diques sexuales, los que han de  oponerse  a  la tendencia al incesto».

( …..) «El respeto de estos límites  es ante todo, una exigencia civilizadora de la Sociedad, que  tiene que defenderse de la concentración en la familia,  de  intereses que  le son necesarios para la constitución de unidades  sociales más  elevadas”.  Esta referencia a la prohibición del incesto como el eje central de  la civilización no deja de ser un aporte  precursor (en la medida que en 1905 Levi Strauss no lo había formulado todavía, es más ni siquiera había nacido), digno del talento y la sabiduría freudiana.

La cuestión de la pubertad esta entonces, en Freud,  asociada a la ley de la prohibición del incesto, que va a ser re articulada en Lacan a la función paterna.

Si existe ser humano en tanto ser hablante, si existe  condición humana, es por la Función  paterna que es la de transmitir la Ley de prohibición del incesto, la castración. Si hablamos de pubertad, es  en referencia  a esa Ley y es por esto que ya desde  Freud,  podemos decir  que la  función paterna está aquí en primer plano y esto no deja de tener consecuencias  en la clínica. Es impensable la noción de pubertad independientemente de la prohibición del incesto.

4)  El acceso a ser hombre y a ser mujer

Otro  punto importante  para Freud y que  solo  mencionaremos aquí,  es con relación a aquello que él llama «la  conformación sexual definitiva»,   el acceso a ser hombre y ser mujer. Así, en el ensayo » Metamorfosis de la Pubertad » ya citado, nos dice que dado  que el nuevo fin sexual, determina  funciones  diferentes para  cada  uno  de los dos sexos,   las  evoluciones  sexuales respectivas divergirán considerablemente”

Con relación a  la cuestión de la sexuación, hemos releído  los textos freudianos  a la  luz de lo que Lacan nos enseña, de que bajo la  primacía  del significante,   los  sexos  se  diferencian  a  partir   de   las nominaciones  que lo marcan desde el Otro y de acuerdo a como  se posicionen  con relación a la función fálica.

Lo central en ambos casos en Freud, es como se  ha resuelto  el  sepultamiento del Complejo de Edipo no solo  en  la vertiente de lo pulsional, sino con relación a aquellas identificaciones  que quedan  podríamos decir, como ganancia de dicho  sepultamiento,  a partir  del abandono de los objetos amados y su  sustitución  por los rasgos valorados de estos que llevan a la conformación  del Ideal del Yo.

5) Del acto sexual :  Nos dice  Freud  en  el  ensayo  citado anteriormente:  »  Ahora  aparece un nuevo  fin  sexual,  a  cuya consecución tienden de consuno, todas las pulsiones parciales”. Este  «nuevo fin sexual» no se trata sino de  la  posibilidad efectiva de realizar el acto sexual.  Y es este nuevo “fin sexual” la cuestión central que orienta la elaboración freudiana respecto a la pubertad.

Como a mi entender  lo específico de la pubertad, es el  enfrentamiento con la posibilidad efectiva del acto sexual  y de ser padre no podemos sino pasar a la obra de J.Lacan para reformular algunas cuestiones relativas a este planteo..

Con Lacan

Recordemos  que en relación al acto sexual  Lacan nos dice «…que  este  acto instaura algo que (como todo acto) es sin  retorno  para  el sujeto.» Y agrega  que repite algo que remite en última instancia a la escena edípica. (Lacan, 1967)

La  confrontación con la verdad de que el acto sexual no  supone que  haya  relación sexual, remite, refiriéndonos  a  los desarrollos   teóricos  de  Lacan , en  última  instancia,  a  la castración del Otro.

Con relación a la castración, hay una respuesta del sujeto. Podemos pensar esta respuesta desde tres perspectivas. Cabe destacar que enmarcamos cada una de estas perspectivas en momentos diferentes de la obra de Lacan.

La primera en referencia a los desarrollos de Lacan en  los Seminarios IV y V, la segunda en relación a sus enseñanzas en los Seminarios XIV y XV y la tercera articulada a las formalizaciones de su última enseñanza.

  1. En primer lugar, la respuesta identificatoria:

Ponemos especial énfasis a lo  planteado  por Lacan acerca de que es  en  la pubertad en que un sujeto debe poner en juego «los títulos que lleva en el bolsillo», sus «emblemas» (Lacan, 1958).  Estos  emblemas  han sido donados por quien encarna  la  función paterna  según  plantea Lacan en el marco de sus Seminarios IV y V. Así, cuando Lacan habla de los tres tiempos de instauración de la metáfora paterna, plantea que es  en el tercer tiempo que el padre dona esos emblemas, esos “títulos” que posibilitaran al  sujeto  la realización de su deseo. Estos emblemas que en el caso del varón, en relación a la función viril, quedaran «nihilizados»  (del nihil en latín que significa nada) es decir, puestos en suspenso durante  la  latencia  para que puedan ponerse en  juego  en  la pubertad,  en el momento de la  posibilidad efectiva de la realización del acto sexual. Cada  sujeto  responderá  en  ese momento, con  los emblemas que haya podido tomar del Otro. Estos  emblemas, podrían ser considerados como del orden  de  las identificaciones en tanto que simbólicas. Lacan las llama identificaciones metafóricas con la “imago” paterna (Lacan, 1958). Como dije antes, Freud, estas identificaciones  las piensa en referencia a las  identificaciones  constitutivas del Ideal del Yo a partir del sepultamiento del Complejo de Edipo.

Entonces en la pubertad, lo central desde esta primera conceptualización de Lacan es la puesta en juego de esos títulos que le han sido donados (o no), que le posibilitaran al sujeto, la asunción de su deseo. Así nos dice Lacan respecto al artículo freudiano “El declive del Complejo de Edipo” en el Libro V de su Seminario: “El sujeto se identifica con el padre en la medida que lo ama, y encuentra la solución terminal del Edipo en un compromiso entre la represión amnésica y la adquisición de aquel término ideal gracias al cual se convierte en el padre. No digo que sea de aquí en adelante y de forma inmediata un pequeño varón, pero él también puede llegar a ser alguien, tiene sus títulos en el bolsillo, tiene el asunto en reserva, y llegado el momento, si las cosas van bien, si los cerditos no se lo comen, en el momento de la pubertad tendrá su pene listo, con su certificado “Aquí tienen a papá que me lo concedió en la fecha requerida.””

Prosigue Lacan más adelante en ese mismo Libro V de su Seminario: “Si el padre es interiorizado en el sujeto como ideal del yo y, entonces, no lo olvidemos, el complejo de Edipo declina, es en la medida en que el padre interviene como quien, el, sí, lo tiene.” (…) “No quiere decir que el niño vaya a tomar posesión de todos sus poderes sexuales y a ejercerlos inmediatamente” (…) Y aclara Lacan al respecto: “Sin embargo, si lo que Freud articuló tiene sentido, el niño tiene en reserva todos  los títulos. El papel que desempeña aquí la metáfora paterna, es ciertamente el que podríamos esperar de una metáfora, conduce a la institución de algo perteneciente a la categoría del significante, está ahí en reserva y su significación se desarrollará más tarde”(…) “El niño tiene todos los títulos para ser un hombre, y lo que más tarde se le pueda discutir en el momento de la pubertad, se deberá a algo que no haya cumplido del todo con la identificación metafórica con la imagen del padre, si esta se ha constituido en estos tres tiempos.” (Lacan1958)

Es decir Lacan nos está hablando de que el significante que se ha instituido a partir de los tres tiempos del Edipo está en reserva y su significación se desarrollará más tarde, en el momento de la pubertad. Es en este sentido que nosotros consideramos como dijimos antes, la pubertad como un tiempo de “aprés coup” de elaboración retroactiva,  de re significación.

Considero que a partir del planteo de Lacan en el texto el “Prefacio al Despertar de Primavera (Lacan, 1974)” podemos repensar la cuestión de los títulos que el padre dona en ese tercer tiempo del Edipo articulándola a la concepción posterior de Lacan del Nombre del Padre como semblante (Lacan, 1974).

 

  1. b) En segundo lugar, la respuesta fantasmática

Debemos remarcar que, como puntualiza J.Alain Miller (Miller, 1982), » a  partir del Seminario de la Angustia,  al articular su idea del objeto a, Lacan  estudia  la  identificación,  precisamente  para   mostrar después  que hay un elemento más, en tensión con eso, que  es  el objeto a » Miller agrega que  »  …y se puede decir que lo que hace después, es sustituir  la respuesta  con la identificación por la respuesta con el  ser  de goce». Es  decir, si en un primer momento en Lacan, la pregunta  acerca   del   deseo   del  Otro  se respondía desde   la identificación  simbólica,  a  partir  de  aquí,  se trata de una respuesta asociada a la  cuestión del  objeto a y entonces, del fantasma.

La noción de fantasma en Lacan nos permite articular  puntos centrales en relación a los conceptos freudianos de  satisfacción pulsional, fantasía y objeto.

Enmarcadas nuestras reflexiones en desarrollos posteriores de Lacan, podemos decir que frente a la castración, el sujeto responde  con su  fantasma, fantasma que sostiene su goce, y que a lo largo  de la  pubertad  esta  respuesta  se decide.  Lo  traumático  de  la sexualidad  no  remite a otra cuestión que a la  castración propia y del Otro  y  a esta, el sujeto responde con su fantasma.

Debemos  recordar  que ya Freud se acerca  a  esta  articulación cuando nos dice en “Metamorfosis…” que ante la  inminencia de  tener  que  enfrentarse con la  posibilidad  efectiva  de  la realización del acto sexual, el sujeto responde  primero con sus fantasías:  » Ese  resto  del  goce  incestuoso  que  resta  del sepultamiento  del  Complejo  de Edipo es el  que  encuentra   su satisfacción  en las fantasías de la pubertad » (…) » la  vida sexual de los jóvenes tiene apenas otro  campo  de acción que las fantasías …»

Desde  Lacan  sabemos  que es a partir de las  fantasías  de  un sujeto que se construye el fantasma del mismo. Fantasma que es el sostén del goce del sujeto. Es aquí, en el momento de la pubertad, que  se termina de decidir la posición subjetiva en relación al mismo. Fantasma que se pone en juego también con relación a la elección de un partenaire.

 

  1. En tercer lugar, tiempo de la pubertad.

Tiempo de reescritura de los significantes unarios.

Resumiendo, en el momento de la pubertad ante la nueva posibilidad del encuentro sexual, el sujeto responde al enigma del deseo del Otro que ese encuentro  pone en juego, con su fantasma, fantasma comandado por los significantes unarios del sujeto.

Postulo que el momento de la pubertad es una oportunidad de reescritura de esos significantes unarios. Este tiempo de reescritura sería interesante formalizarlo respecto a la teoría de los nudos porque esa nueva escritura propiciaría un anudamiento diferente de la estructura y una regulación del goce diferente. Esta cuestión será desarrollada en un trabajo en el próximo número de nuestra Revista.

Esto puede ser pensado en la línea del planteo de Lacan en el Libro XXIV de su Seminario respecto a la creación de un significante nuevo (Lacan, 1977): “Nuestros significantes son siempre recibidos. ¿Por qué uno  no inventaría un significante nuevo?¿Porque uno no intentaría formular un significante, que contrariamente al uso que se hace de él actualmente, tendría un efecto?”

 

 

Del goce sexual y la elección de objeto.

Para Freud una de las cuestiones centrales a resolver en la pubertad es la elección de un objeto exogámico, lo que implica el cumplimiento de la Ley de la prohibición del incesto. Lo deseable sería que confluyan en este objeto la corriente de ternura (heredera del goce incestuoso)  y la corriente sexual (producto de la nueva oleada pulsional en la pubertad)

En Lacan encontramos distintos momentos con relación a la cuestión. En el libro XI de su Seminario, reflexiona: “Efectivamente el encuentro sexual queda expuesto a los azares del campo del Otro, de ahí parten los rasgos de la elección de objeto y que hay que hacer como hombre y como mujer para hacer el amor”. (Lacan, 1964)

 

Diez años después, en el texto “Prefacio al Despertar de la Primavera”, comentando la obra de Wedekind, Lacan (Lacan, 1974) nos dice que la obra da cuenta de que es para los varones hacer el amor con las chicas. Remarco esto porque parece que la lectura que él hace del texto de Wedekind es tomando solo lo que los varones dicen en la obra. Y con respecto a “hacer el amor”, al encuentro sexual con las chicas Lacan nos dice que Wedekind en su obra testimonia muy bien que no es para todos satisfactorio y que ahí “cada cual fracasa a su manera”.

Lacan remarca en su texto que los chicos no pensarían en eso sin el despertar de sus sueños. Despertar de sus sueños, despertar de sus fantasías al decir de Freud. Y aclara la cuestión diciendo que Wedekind se dio cuenta que hay una relación del sentido con el goce. Relación a la cual nos referíamos cuando hablábamos de la respuesta fantasmática anudada a un goce. Despertar de sus sueños nos dice Lacan y agregamos nosotros que esos sueños están articulados al fantasma de cada uno. Pero así como el fantasma vela la falta, el despertar está asociado para Lacan en todo momento con el enfrentamiento a lo real. El despertar de los sueños da cuenta por un lado de las fantasías que velan el enfrentamiento con la castración que ese “hacer el amor” implica y de la imposibilidad de ese velamiento.

Así nos dice Lacan: “….Que el velo levantado no muestre nada, he ahí el principio de la iniciación. He indicado el lazo de todo esto con el misterio del lenguaje, y con el hecho de que sea por posponer el enigma como se encuentra el sentido del sentido. El sentido del sentido es que él se liga al goce del varón como interdicto. Ciertamente no para prohibir la relación llamada sexual sino para fijarla en la no – relación que vale en lo real”. Lo traumático de la relación sexual no se debe a que está prohibida sino porque enfrenta al sujeto a la imposibilidad de completarse con el partenaire. A que “dos sean uno”.

El fantasma no alcanza a velar lo real, a ese fantasma nos dice Lacan

“hace objeción el más mínimo encuentro con lo real” Se trata entonces de la irrupción de un goce que el fantasma de cada quien no alcanza a velar en el despertar. No hay saber en lo real. “La sexualidad hace agujero en lo real” nos dice Lacan.  Recordemos que en este momento (1974) Lacan articula el agujero (en el nudo) a lo simbólico. Pienso entonces que retoma aquí la cuestión de que el encuentro sexual queda expuesto a los azares de lo simbólico, del campo del Otro.

 

Agrega Lacan en est texto: “Que el goce en juego sea fálico es la experiencia la que responde de eso”.  No para todos los varones es así. Con respecto a la mujer Lacan se preguntará de que se trata su goce “en tanto el hombre no la ocupa por entero”. Así con relación al goce femenino recordemos que Lacan ubica a la mujer como no-toda en las fórmulas de la sexuación, dividida entre un goce fálico y un goce más allá de este (Lacan, 1973). El abordaje de estas cuestiones a partir de la noción de compacidad le permitirá a Lacan nuevos desarrollos respecto al goce femenino y al fálico. Esto ha sido motivo de otro trabajo. Citar 1

 

 

El púber es convocado a tomar la palabra

Considero  que conviene pensar desde  las  operaciones de alienación y separación articuladas por Lacan la  afirmación de Freud en “Metamorfosis de la pubertad” con relación  a que  el individuo debe liberarse de la autoridad de sus padres  y que  quizás  sea esta una de la cuestiones más  dolorosas  de  la pubertad. Porque que un adolescente discuta con sus padres, cuestione sus valores, etc. no significa que no siga alienado a los dichos de ese Otro que ellos encarnan que determinaron su existencia y su destino.

La  operación de separación en la enseñanza de Lacan implica la caída  del  sentido que emerge en el campo  del  Otro,  el enfrentamiento con su falta y sobre esta falta asumir la  propia, y desde aquí, tomar la palabra.  Y  esto es la pubertad: el momento en que un sujeto  comienza a tomar la palabra. Es decir la caída del sentido asociado a esos dichos parentales que determinaron su destino posibilitarán para el sujeto tomar la palabra y liberarse de manera genuina al decir de Freud “de la autoridad de sus padres”.

Pienso por otra parte que la operación de separación puede ser llevada hasta el final en el marco de un análisis solo a partir de la pubertad. Solo a partir de este momento un sujeto puede  realizar el acto que el poder llevar hasta el final la operación de separación propicia. Solo a partir de este momento el sujeto puede aceptar la castración del Otro en toda su dimensión.

Como  dijimos, la pubertad es el momento en que un  sujeto  ante  la  posibilidad efectiva del acto sexual, es  convocado a  tomar la palabra, decidiéndose por otra parte, su posición con  relación a su goce.

 

Algunas consecuencias clínicas.

  • En relación al análisis de sujetos que estén atravesando  el momento  de  la pubertad nuestra responsabilidad  como  analistas es  poder escuchar esta palabra que el  sujeto en esta coyuntura es convocado a tomar. El   adolescente  demanda  ser  escuchado  y   reconocido   como responsable de su palabra. El  hecho de no serlo trae aparejadas una serie de  dificultades para  el sujeto en la posibilidad efectiva de realizar su  deseo, cuestión esta que no deja de tener consecuencias en la clínica.
  • La función paterna está aquí en primer plano. No es a otra cosa a la que estan articulados los  ritos de  iniciación,  tan  antiguos como  la  civilización    La operación  de separación sólo puede realizarse teniendo como  eje dicha  función. Y si bien sabemos que la función paterna es siempre fallida, un fracaso rotundo de la misma,  va a determinar  que  la operación de separación  también fracase gravemente. Cuando esta fracasa entonces, el sujeto pese  a que  es  convocado  a  tomar la palabra  no  lo  puede  hacer  y responde  a esta convocatoria con el derrumbe de la  estructura en  el caso de la psicosis, con el desencadenamiento de sus síntomas, con la irrupción del goce desregulado de la anorexia,  bulimia, adicciones, y/o psicosomática o a través de actuaciones.

En los casos en los que responden con actings, lo que prima es un llamado al Otro que encarna la función paterna para  que esté a la altura de dicha función.  En el caso de los sujetos que consultan desde  esta posición  (lo cual es muy frecuente en los adolescentes),  es  necesario que el analista como condición previa  al  inicio del análisis pueda alojar este llamado.

Tomemos el caso de Javier Nota . Lo primero que le “muestra” a la analista es que roba, al quedarse con un dinero que los padres le habían dado para pagar los honorarios de las sesiones. Roba cotidianamente altas sumas de dinero. Roba para  darle el dinero a la novia que esta le reclama.  La madre aclara en una entrevista que Javier es hijo adoptivo y que ella “no lo robó”. Ella se refiere a él como a un intruso, un “cabecita negra” que vino a robarle.

Fue necesario un fuerte alojamiento en el deseo de la analista para que Javier cambiara de posición pudiendo  pasar del “mostrar”, robando de manera incesante a sus padres a decir algo del orden de su verdad: teme ser abandonado por otro. Debe pagar por ocupar un lugar. Cuestión que se relaciona con las fantasías acerca de su origen. El fanyaseaba que su madre biológico lo había “dado” porque necesitaba dinero.

Comienza a implicarse en las situaciones que padece y a preguntarse acerca de qué es lo que le sucede en relación a varias cuestiones. Entre ellas acerca de su padre y los emblemas que éste detenta pero no dona. Acerca del lugar singular, el de “delincuente”,  que ha ocupado en relación al goce materno, ya que cabe destacar que su madre está siempre pendiente de que alguien le robe. Acerca de ese lugar de marginal, de “cabecita negra”, incapaz de hacer cosas en serio en el cual se había instalado. Deja entonces de estar identificado a ese “delincuente” que horroriza a su madre y roba a su padre ese dinero, que éste con orgullo exhibe, siendo esta la única manera que Javier había encontrado para hacerle “falta”. Se asume como un sujeto que decide vivir la vida de manera digna.

El alojamiento decidido en el deseo del Otro, del analista, ha conseguido, siguiendo el planteo de J. Lacan en el “Seminario de la Angustia” “poner a dar vueltas el caballo en el picadero”, pudiendo Javier dejar de robar y comenzar un análisis.

 

En relación a los pasajes al acto que  también son  muy habituales  en la adolescencia  pensamos  que  están articulados a  las  mismas  cuestiones.  Cuando  un  sujeto  ha hecho un llamado al Otro  que  encarna  la función  paterna  para que lo sostenga en su deseo y no  ha  sido escuchado,  el  sujeto puede dar la espalda a ese Otro y quedar  a la  deriva   como gran parte de los jóvenes de nuestros días. Muchos de  ellos podrán  llegar a realizar pasajes al acto que impliquen un daño corporal como cortes en el cuerpo o llegar al suicidio. Será relevante que el analista aloje al sujeto de manera decidida para evitar el pasaje al acto y propiciar el comienzo del análisis.

Por  supuesto que  esta  cuestión hay que pensarla en la lógica del  caso   por caso y teniendo en cuenta las particularidades de cada sujeto y de su época.

  • Resulta determinante en el modo de responder a la convocatoria que la pubertad implica, la manera en que los sujetos han sido alojados en el Deseo del Otro en su venida al mundo.

En Conferencia en Ginebra sobre el síntoma dice Lacan ( Lacan, 1974) “ Sabemos muy bien en el análisis la importancia que tuvo para un sujeto, vale decir, aquello que en ese entonces no era absolutamente nada, la manera en que fue deseado. Hay gente que vive bajo el efecto, que durará largo tiempo en sus vidas, bajo el efecto del hecho de que uno de los dos padres – no preciso cuál de ellos- no lo deseó”. Y agrega “….la manera en que le ha sido instilado un modo de hablar, no puede sino llevar la marca del modo bajo el cual lo aceptaron los padres”.

 

  • Hay que estar advertido, que la cuestión de la transferencia de los padres hacia el tratamiento es un hecho que hay que tener en cuenta ya que es determinante en la continuidad del mismo.

Pero el análisis deber asegurarle al joven sobre todo un lugar donde su palabra sea escuchada y donde prime su palabra sobre la de sus padres

El  análisis  debe ser un lugar en que se lo escuche y  se  lo reconozca en su estatuto de sujeto responsable de su palabra.  El mínimo indicio de que esto no es así, determinará el abandono del tratamiento.  .

En los casos en que  por ejemplo, el analista haya escuchado  la demanda  de  los padres antes que  la del joven  en relación a cuestiones atinentes al deseo singular de este, el abandono del análisis suele ser inmediato. Abandonarán el análisis como lo hizo la adolescente Dora,  de un día para otro:  vendrán a decirnos  como aquella joven a Freud, que esa sesión es la última que vienen. No habrá dudas  al  respecto  ni  posibilidad  de  cambio  en   esa decisión.

Sin  embargo  cuando  el analista no se  engaña  y  escucha   la palabra  del  joven  que la sostiene como  puede,   la  respuesta también  será inmediata, apostarán al análisis  sin  resquemores,    como  apuestan  a  la vida.  Ellos saben que  no  hay  nada  para perder,   no están aferrados ni a propiedades, ni a amores, ni  a cobardías  de valores imaginarios.

El efecto del análisis será también muy decisivo y las mutaciones subjetivas rápidas. Quizás sea  simplemente,  como bien  dice Freud que cuanto más joven es un sujeto más lábiles  son las adherencias a determinadas posiciones libidinales. De ahí la cautela que debe primar en las intervenciones del analista, a sabiendas del fuerte efecto que sus palabras causan en los adolescentes.

Por lo tanto, teniendo en cuenta lo antes planteado referido a la importancia de la transferencia de los padres hacia el tratamiento, el analista deberá encontrar un sutil equilibrio entre la escucha de la palabra del joven y la de sus padres.

La  ética del psicoanálisis es siempre la misma, la de  conducir al sujeto a que pueda hacerse responsable de su deseo,  con todas las dificultades que implica en estos casos el hecho de  tratarse de  sujetos  que pese a comenzar a tomar la palabra y  a  hacerse responsable de sus actos todavía no son » sui juris » es decir, independientes  jurídica y económicamente de otros en  cuestiones centrales de la vida. Este hecho no debe hacernos retroceder.

 

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